Alrededor de las 9 ya desayunados nos
poníamos en marcha, al salir del pueblo, por la derecha sale un paseíto que luego
cruza a la izquierda, y que te lleva al Santuario de Delfos, primero se pasa
por delante del museo, y luego se llega a la zona arqueológica, que está en la
ladera de la montaña, compramos las entradas (6 €) y ya comenzamos con la
visita; la tarde anterior nos habíamos comprado un librillo para que nos
ayudara un poco.
El SANTUARIO DE APOLO, es uno de los oráculos más importantes y
venerados por los antiguos griegos. Cuentan las leyendas griegas, que Apolo
tenía el don de la adivinación, pero los mortales le pedían tantas profecías
que estaba exhausto, y decidió fundar aquí un oráculo que diera las profecías
por él; antes tuvo que matar a la monstruosa serpiente Pitón que habitaba el
lugar, y luego delegó su poder de adivinación a una sacerdotisa llamada Pythia
(o pitonisa, palabra que deriva de la serpiente Pitón), a través de la cual se
pronunciaba el dios Apolo. El
oráculo se celebraba el día 7 de cada mes, fecha del nacimiento de Apolo; y acudía
gente de todo tipo, desde grandes reyes hasta gente pobre.
Lo primero que nos encontramos al entrar es el ÁGORA
ROMANA, y luego ya se va ascendiendo por la empinada Vía Sacra.
A lo largo de esta calle, hay
varios Tesoros, que eran elegantes construcciones en forma de pequeño templo,
que se construían en honor a algún acontecimiento histórico, para guardar allí las
valiosas ofrendas que se hacían a los dioses, que habitualmente eran ricas y
valiosas joyas. El mejor conservado es el TESORO DE LOS ATENIENSES,
porque fue restaurado por arqueólogos franceses a principios del siglo XX;
aunque no es seguro, se cree que este Tesoro, fue ofrecido por Atenas y se
costeó con parte del botín conseguido en la Batalla de Maratón.
Uno de los edificios más importantes es
el TEMPLO DE APOLO, inaugurado en el 330 a. C., debía ser imponente, las
grandes columnas indican lo magnífico que debió ser; la entrada era por una
rampa y se cree que dicho templo sustituyó a varios anteriores. Sobrevivió
hasta el 390, cuando el emperador cristiano, Teodosio I, silenció el oráculo
con la destrucción del templo, en un intento por parte de los cristianos de borrar
todos los rastros del paganismo.
Había poca gente, suficiente
para no molestar, pero suficiente para que alguien te haga alguna
foto. Estaba cerrado el Estadio, una pena porque está en la parte más alta y
desde allí parece ser que se tienen unas grandes vistas panorámicas. La vista
nos llevó algo más de una hora.
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Desde la parte de arriba del Teatro junto al Estadio hay una bonita panorámica, que nosotros no pudimos ver |
Al salir del recinto cruzamos la
carretera y seguimos por el paseo, tardaríamos unos 10-15 minutos paseando tranquilamente hasta llegar al TEMPLO DE ATENA PRONEA (que significa “la
que está antes del templo”) construido en el 390 a. C.. El «Tholos» (templo circular), es el templo mejor
conservado de todo el Santuario, ya que fue restaurado a principios del siglo XX.
Aquí estuvimos completamente solos,
una gozada, eso sí, no tuvimos a nadie para que nos hiciera alguna foto,
incluso esperamos un ratillo a ver si venía alguien pero no; aunque este
espacio no es muy grande, estábamos tan a gusto disfrutando de aquellas ruinas
solos y en un día tan esplendido, que se nos fue casi una hora.
Y comenzamos a regresar, finalizamos la visita en el MUSEO ARQUEOLÓGICO (entrada incluida en el
ticket del Santuario), que aunque es bastante pequeño, nos gustó bastante, hay
muchas cosas y lo ves todo muy cerca; eso sí, nosotros no nos entretuvimos e
hicimos la visita rapidilla.
Luego regresamos al pueblo y lo primero
fue comprar los billetes para Kalambaka, los simpáticos del bar no nos dijeron
nada, pero a Alfredo no le cuadraba la tarifa (9’90 €), y como el billete venía
en griego cruzamos enfrente a la mini Oficina de Turismo y le preguntamos a la
chica; efectivamente el billete era solo hasta Lamia. Ella fue la que nos
explicó, que luego en Trikala había que volver a cambiar de bus.
Sobre la 1 fuimos a comer a uno que
estaba al lado de nuestro hotel, preguntamos y ya nos podían atender. En To Alliotiko, pedimos unas ricas
aceitunas para empezar, y para comer un souvlaki de pollo y un pita kebab, también
pedimos un baklava y un kataifi de postre (no nos pudimos resistir), ricos los
dos, pero con calorías a mogollón; la comida y el postre, junto con los refrescos,
nos costó 34’20 €.
A las 2’30 regresamos al hotel,
recogimos nuestras maletas de la consigna y nos pusimos cómodos para el viaje, teníamos
bastante horas de autobús por delante. Pensábamos que el bus salía a 3’25, pero
en el ticket ponía a las 3’15; así que a
las 3 allí.
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Vistas desde Delfos |
Salió puntual, el viaje hasta Lamia
eran unas dos horas y con las horas que eran, invitaba a echarse una siesta. Pero
no, cuando llevaríamos media de viaje (en Itea), gritó el conductor, Lamia!!!.
No entendíamos muy bien la situación, ¿ya habíamos llegado?, lo que sí estaba
claro, es que había que bajarse del bus; saltamos como si hubieran gritado fuego,
cogimos corriendo forros polares, chaquetas, bolso y mochila. Al bajar había
que cambiar la maleta, pues nos cambiamos de bus; nadie nos había avisado de
esto.
Pero al subir al nuevo bus, Alfredo
descubrió que se había dejado el móvil en el otro bus, llamamos y comprobamos
que no lo teníamos por allí. El otro bus ya se había ido, pero Alfredo hablo con
el conductor, que llamó por teléfono al otro conductor, y salimos enseguida; en
una calle nos estaba esperando el otro bus, bajo corriendo, subió al otro bus y
allí estaba. Que estrés, menudo despertar de la siesta. Al llegar a Lamia le
dimos una propinilla al conductor, la verdad que se portó muy bien.
Sobre las 5’20 llegamos a LAMIA, compramos
los billetes hasta Trikala (12’20 €) y esperamos por allí sentados; cuando
quedaban unos 15 minutos para la hora de salida del bus, salió el de la
ventanilla (nos tenía enfrente) y nos dijo “bus full”, ehhh!!!, como que lleno!!!,
pero sí nos acababa de vender el billete!!!. Nos decía que luego a las 7’30 había
otro y que sí que habían plazas; eso no hubiera sido mayor problema, si no
fuera porque ese llegaba a Trikala a las 9’15 y a esa misma hora había que
coger el que iba hasta Kalambaka, y además había que comprar el billete. Fueron
momentos complicados, pensando posibilidades; bendito internet.
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Nos chocó que no pusiera asiento, luego ya supimos porque |
Como seguíamos dándole la paliza al
chico de la ventanilla, nos dijo que acudiéramos al bus y le preguntaría al
conductor si podíamos ir de pie. Así que ya nos salimos fuera a esperar,
mientras Alfredo se puso a hablar con una chica asiática que estaba allí sola,
que habíamos visto salir de Delfos, y que también iba a Kalambaka. Yo buscando
hotel en Trikala, ellos hablando; y al final decidimos que si no podíamos subir
en este bus, cogeríamos el siguiente y luego un taxi entre los tres, el
trayecto final era media hora y tampoco podía subir mucho, a ella le habían
dicho que era 20 €, y aunque fuera el doble, yendo los tres ya abaratábamos
algo; salía más barato que quedarse a dormir en Trikala.
La salida prevista era a las 6, pero
se demoró hasta las 6’30, el bus iba lleno por completo y nadie bajo, hasta iba
una persona en el asiento del guía. Allí estaba el de la ventanilla y nos dijo
que el conductor aceptaba, pero que teníamos que ir de pie; no nos quedaba
otra. La chica asiática se quedó en la escalerita al lado del conductor, y
nosotros nos fuimos a la de atrás. Y bueno, no es que el viaje fuera cómodo,
pero la carretera no era excesivamente mala y la hora y media de viaje, se hizo
relativamente llevadera.
A las 8 llegamos a TRIKALA, Alfredo se
fue a comprar los billetes (2’60 €) y yo me encargue de las maletas. A las 8’15
salimos de la estación de autobuses rumbo a Kalambaka, pero por el pueblo de
Trikala que es bastante grande, hizo varias paradas.
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Por fin, último billete del día |
Finalmente, sobre las 9 llegamos a KALAMBAKA,
un poco cansados, pero felices. MISIÓN CUMPLIDA!!!. Rápidamente fuimos a nuestros nuevo
pisito, en cinco minutos llegamos a LUXURY LILA HOUSE UNDER THE ROCKS, dejamos
las cosas y fuimos a cenar algo.
No nos complicamos mucho, cerca
teníamos una cervecería que también servían cenas y estaba muy animada, así que
en Pub 38 nos quedamos, pedimos un filete
pollo y un souvlaki kebab, bastante rico todo, que junto con las cervezas costó
19 €.
Estábamos cansadillos, el estrés de
algunos momentos en los que pensábamos que no íbamos a llegar a Kalambaka a
dormir, y sumado a que mañana teníamos una excursión a primera hora ya
reservada (y pagada) que no queríamos perder; hizo que estuviéramos algo cansados.
De camino a casa encontramos una
tiendecita en la que compramos algo para desayunar y ya una vez en casa,
desmontamos las maletas en un momento; y sobre medianoche a dormir.
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